Reseñas fugaces: tres lecturas de #LeoAutorasOct

Las reseñas fugaces son opiniones breves, ideales para leer en unos minutos. Aquí he recopilado tres obras totalmente distintas entre ellas, pero con un denominador en común: todas las he leído siguiendo la iniciativa #LeoAutorasOct (si aún no sabéis lo que es, pinchad aquí). Tres libros escritos por mujeres que se encuadran en tres géneros literarios radicalmente distintos: la novela epistolar, la ciencia ficción y el relato de aventuras.

Si seguís leyendo, descubriréis a tres grandes autoras. Sigue leyendo “Reseñas fugaces: tres lecturas de #LeoAutorasOct”

#LeoAutorasOct: dos autoras fantásticas

Aunque el mes elegido para leer autoras es octubre, yo, como mucha otra gente, decidí empezar en septiembre, porque sabía que no me iba a dar tiempo a leer todo lo que había en La Pila. El otro día estuve contando los autores y autoras que llevo leídos en 2016 y las cifras no podían ser más dispares: la parte de nombres masculinos contaba con 15 escritores más que la parte con nombres femeninos. ¿Mi objetivo? Leer al menos a 10 autoras nuevas más antes de que termine el año.

Esta semana he leído a dos autoras a las que no había catado antes: Diana Wynne Jones y Susana Vallejo. Sigue leyendo “#LeoAutorasOct: dos autoras fantásticas”

Garras y colmillos

Jo Walton
Traducción de Marta García Martínez
Factoría de ideas, 2005

Garras y colmillos es una novela victoriana escrita en 2004. Si leéis la dedicatoria que ha escrito la autora en las primeras páginas, veréis que en ellas expresa su voluntad de escribir una novela como las que se escribían en Inglaterra durante el reinado de la reina Victoria, y que se caracterizaban por una serie de valores que en esta novela serán innatos en los seres que la protagonizan: dragones.

Los valores de la época victoriana humana, por así decirlo, venían dados por la diferencia entre tener más o menos dinero, o pertenecer a una clase social u otra. En Garras y colmillos las diferencias no solo son sociales, sino también fisiológicas: los nobles son más grandes que los plebeyos porque pueden comer un tipo determinado de carne que solo ellos se pueden permitir. Además, a los sirvientes se les atan las alas para que no huyan volando del yugo de su amo. Por ejemplo, en la novela tenemos el caso de un macho noble que llega a medir 18 metros, mientras que una sirvienta hembra que le dobla la edad apenas alcanza los 2 metros.

Es inevitable resaltar el papel de la mujer en este tipo de sociedad. Si alguien ha leído a Jane Austen, sabrá a  lo que me refiero. Aunque Jane Austen no es victoriana, está claro que Jo Walton se ha inspirado en ella: críticas constantes a la inferioridad de la mujer, a su incapacidad de no poder poseer tierra o dinero propio, a la continua protección y supervisión de un macho, etc. Sin embargo, en las obras victorianas o austenianas, esto se quedaba en lo que eran, críticas mordaces; en Garras y colmillos son algo más, y se llega incluso a plantear un posible cambio social. Aunque la novela no da para tanto, pues solo tiene 330 páginas, sí que vemos un cambio importante en el pensamiento de las dragonas y en cómo estas se lo hacen saber a los dragones machos:

Somos compañeros, eso es lo que le dije a mi padre. Eso es lo que querría ahora, no ser una esposa que es como un objeto, algo que te pertenece. Quiero seguir siendo tu compañera, tomar mis propias decisiones.

Otro elemento típico de la novela victoriana es la diferencia entre el campo y la ciudad. En el campo es donde viven los nobles la mayor parte del tiempo, pues allí tienen tierras y súbditos. A la ciudad solo van durante la temporada en la que se presentan en sociedad a nuevos dragones en edad de merecer y la vida cultural cobra vida. Sin embargo, el resto del tiempo la ciudad recibe mala fama, porque allí es donde van los dragones que se dedican al comercio o los que están sin recursos que han caído en desgracia y están buscando nuevas oportunidades de ganarse la vida.

En este mundo plagado de dragones hay unos elementos bastante curiosos. Buena muestra de ello es que han inventado el ferrocarril, un medio de transporte bastante utilizado por los dragones que no pueden volar (a saber: sacerdotes, criados o dragoncitos a los que aún no les han salido las alas). Pero resulta que estos seres, que pueden echar fuego por sus fauces, también han inventado el papel. Y yo me digo… ¿en serio? Pues sí. Hay una escena en la que un dragón está leyendo una carta, se enfada y hale, adiós, carta. Y todos sabemos que los dragones no llevan ropa, ¿verdad? ¡Pues aquí sí! No mucha, pero toda la atención fashionista se centra en una sola prenda: los sombreros que cada dragón, según su estatus social, ha de ponerse. Con lo poco prácticos que son los sombreros a la hora de volar…

Hasta aquí, todo es muy victoriano y humano. Se echa en falta, quizás, un estilo más elaborado, pues la autora no intenta imitar en ningún momento el de las obras en las que se inspira. Y digo «humano» porque podemos llegar a olvidar que estamos hablando de dragones, seres enormes con alas, escamas y que son radicalmente distintos a nosotros.

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Y ahí es cuando Walton lo hace bien. En esa sociedad tan educada y clasista existe un elemento que nos horroriza a nosotros como humanos: el canibalismo.

La carne especial que comen los nobles y de la que he hablado antes es ni más ni menos que carne de dragón. En esta sociedad, comerse los unos a los otros está bien visto, pues la carne de dragón tiene beneficios notables para aquellos que la comen: creces, te haces más fuerte e incluso más valiente. Sin embargo, eso no quiere decir que se maten entre ellos indiscriminadamente (aunque puede pasar, según parece). Las muertes están más o menos controladas. Por ejemplo: cuando un progenitor muere, lega su cuerpo a su descendencia para que tengan más fuerzas, y en el ejército son los compañeros soldados los que se comen a los caídos en combate.

Además, los nobles pueden hacer matanzas selectivas entre sus súbditos y coger aquellos que consideren que no hacen ningún bien a la raza, como el dragoncito más débil de una nidada. Pero siempre hay gente que se aprovecha de sus privilegios. En Garras y colmillos se da el caso de un dragón noble (y por ende, muy fuerte y grande) que abusa de estas matanzas selectivas: a lo mejor coge dos dragoncitos recién nacidos en vez de uno, o no se espera a que un dragón viejo muera de viejo. Ahí es cuando empieza a surgir cierta conciencia social en una de las dragonas, elemento que se va propagando entre los miembros de la familia Agornin.

Os habréis dado cuenta de que apenas he hablado de la trama, y es que Garras y colmillos me ha maravillado por su ambientación y la sociedad en la que viven los personajes. La trama no podría ser más victoriana: un problema con la herencia, hermanas con poca dote que buscan marido, hermano sacerdote muy preocupado moralmente, otro hermano con una reputación dudosa en la ciudad… De hecho, hay tantas confesiones y pedidas de matrimonio que hasta el narrador llega a perder la cuenta.

Ha sido mi primera incursión en la narrativa de Jo Walton y sin duda me haré con su Entre extraños, de la que he oído críticas muy dispares. Mientras tanto, ¿qué opináis vosotros? ¿Habéis leído Garras y colmillos o alguna otra novela de Jo Walton?

La misión del bufón

A Robin Hobb la descubrí hace apenas tres meses gracias a uno de sus traductores, Manuel de los Reyes. Han sido tres meses en los que Traspié Hidalgo y el Bufón se han convertido en miembros destacados de mi panteón de fantasía particular. Para que os hagáis una idea, en estos tres meses he leído cuatro obras de Robin Hobb, cuyas novelas, parece ser, nunca tienen un volumen inferior a las 600 páginas. Y es muy probable que lea más obras de esta grandísima y simpatiquísima autora antes de que termine el año.

Pero, como soy una masoquista nata, me decanté por seguir con la trilogía que aún no se ha terminado de publicar en español, El profeta blanco, y claro, tuve que comprarme el segundo en inglés porque La misión del bufón se terminó de tal forma que… *le tapan la boca con una mordaza* Pero no os preocupéis, Manuel y Raúl: leeré vuestra traducción con muchas ganas, pues ya sabéis que soy una fan incondicional de vuestras maravillosas traducciones. Mientras tanto, pronto iré a la librería más próxima a hacerme con las nuevas ediciones de Las leyes del mar.

Eso sí, yo este otoño le hinco el diente a The Golden Fool sí o sí; me enamoran las portadas que hacen en Harper para las obras de Hobb. De hecho, cuando fui a la librería a buscarlo, me emocioné tanto que ocurrieron dos cosas: la primera es que descubrí que hay otra trilogía sobre Traspié y el Bufón y morí de amor; la segunda es que confundí el segundo libro de esa trilogía con el que yo andaba buscando y me comí un spoiler del tamaño de los Seis Ducados. En fin, c’est la vie. Eso me pasa por ser una ansiosa y no pararme a leer bien el título.

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La cosa es que aquí hemos venido a hablar de La misión del bufón, publicada por Fantascy durante este 2016, aunque en realidad en los países de habla inglesa salió hace 15 años. En La misión del bufón nos reencontramos con Traspié precisamente 15 años después de los hechos ocurridos en la trilogía del Vatídico. Y con el Bufón, claro, que ya no es blanco sino dorado. Juntos emprenden un viaje para buscar a Dedicado Vatídico, futuro rey de los Seis Ducados, que ha desaparecido de la corte de Torre del Arce.

A grandes rasgos, esta es la sinopsis. Poco más necesitáis saber. Si ya habéis leído más cosas de Robin Hobb (en especial la trilogía anterior sobre los Vatídicos y la juventud de Traspié, algo que os recomiendo que hagáis), sabréis cómo es Hobb: le gusta que estemos al tanto de todo lo que ocurre y ocurrió. De hecho, las primeras páginas no son sino una gran puesta al día entre personajes y lectores. ¡Que nos hemos perdido 15 años, leñe! Y aunque hayan sido 15 años sosos en la vida de Traspié, él sí que ha cambiado mucho. Recordemos que aquí nuestro héroe está lejos de ser perfecto, y sigue cometiendo errores y dejándose asaltar por las dudas. Pero ha dejado muy atrás la fase adolescente y eso es algo de agradecer. Y el Bufón, ¡qué decir del bufón! Aunque esta es SU trilogía, con SU nombre, creo que nunca tendremos suficiente de él.

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Pero no todo es oro lo que reluce, y alguna pega le tengo que sacar a La misión del bufón, aunque sea mínima: me ha gustado un poco menos que la saga de los Vatídico, y quizás haya sido porque toda la obra, con sus 800 páginas, tiene un nosequé que me hace pensar en la introducción de algo más que está por venir. Así como en Aprendiz de asesino ya salía un problema de los gordos (el acoso de los Vela Roja a las costas de los Seis Ducados, la incapacidad de Traspié de Habilitar, su Maña, etc.), en La misión del bufón la acción se centra principalmente en un problema que sirve como pretexto para introducir las características del nuevo Vatídico en el trono: Dedicado. Una historia, por tanto, que podría no tener más repercusión en los otros dos volúmenes de la trilogía.

Pero nunca se sabe, y es que Hobb se saca ases de la manga como si fueran caramelos. Espero traer pronto la reseña de The Golden Fool (El bufón dorado) y más detalles sobre su publicación en España que, si no pasa nada, será en noviembre de 2016.

La trilogía del Vatídico, de Robin Hobb

Edición de DeBolsillo
Traducción de Manuel de los Reyes

Sinopsis

La trilogía del Vatídico gira en torno a la figura de Traspié, bastardo de nacimiento y asesino de oficio. A lo largo de las tres novelas que la conforman, Robin Hobb nos cuenta la vida de este muchacho en los Seis Ducados desde su tierna infancia. En Aprendiz de asesino aprenderemos con él a hablar y a convivir en una sociedad de tintes medievales, donde pronto encontrará su lugar entre los establos del castillo real. Pero el destino ha querido que Traspié lleve también el nombre de la familia real, los Vatídico, y no tardará en comprender que los favores de su majestad tienen un precio: tendrá que convertirse en el asesino del rey.

Traspié crece y los Seis Ducados se enfrentan a un peligro cada vez más acuciante: los corsarios de la Vela Roja arrasan la costa, matando y forjando a todos los habitantes de los ducados. En Asesino real, Traspié pondrá todo su talento a las órdenes del rey Artimañas y de Veraz, su tío. Pronto se verá sumergido en una red de intrigas y traiciones políticas que harán tambalearse la ya precaria estabilidad de los Seis Ducados. Traspié ya no es un niño, y como tal deberá aceptar las consecuencias de sus actos y decisiones. Primeros amores, odios consolidados, hormonas por doquier… La adolescencia de la trilogía, vamos.

En La búsqueda del asesino, Traspié ya ha crecido, o más bien los infortunios lo han obligado a madurar. Emprenderá una búsqueda de algo que parece imposible de encontrar, pero el destino de los Seis Ducados está en sus manos. Al final habrá reencuentros, aventuras y… ¡una cosa muy chula que empieza por la letra d!

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Ilustración y portada de Marc Simonetti.

Reseña

Ahora viene la parte menos objetiva (y sin destripamientos) en la que justifico por qué al terminar cada volumen de la trilogía del Vatídico me quedaba media hora abrazándolo y tenía ganas de empezar el siguiente. Los he devorado en mes y medio, y el cariño que le he cogido a las novelas de Robin Hobb solo se ve superado por Harry Potter.

Aprovecho para felicitar a Manuel de los Reyes, cuya fantástica y curradísima traducción ha hecho que me sumerja de lleno en la historia, que aprenda palabras nuevas y que disfrute con todo lo que ahora os explico.

El tipo de historia y de narración

Ya desde el principio se puede ver que la historia está narrada en primera persona, pues el narrador es un Traspié adulto. Así, el lector solo estará al tanto de lo que Traspié sepa. A veces el protagonista es un poco corto de miras o está ofuscado por la rabia, y aunque se puede deducir claramente lo que está pasando, a él le cuesta lo suyo. Pero eso nos ocurre a todos en la vida real, ¿verdad? Hay momentos en los que tardamos siglos en darnos cuenta de algo mientras que otra gente ya lo había adivinado hacía eones.

Ahí radica parte del encanto de la trilogía del Vatídico. Es una historia real (o todo lo real que puede ser), la crónica de una vida. Aunque el punto de vista de Traspié a veces pueda parecer inmaduro e infantil, es lo que hay, porque así lo vivió y sintió él. En vez de fanfarronear como hace Kvothe, Traspié enfoca sus vivencias con perspectiva, reflexiona sobre ellas, adelanta acontecimientos u ofrece la explicación de por qué pasó algo en concreto antes de que el lector sepa de lo que está hablando. En ocasiones cuenta los hechos demasiado rápido, cuando a lo mejor debería detenerse un poco más y explicarlo con tranquilidad, o empieza a relatar cosas que parecen ser lo más aburrido de los Seis Ducados.

Con todos sus fallos y aciertos, amores y riñas, obtusismos y clarividencias, la voz de Traspié está cargada de energía, magia y personalidad. Ese modo tan peculiar de narrar la historia hace que el lector se sienta más cerca de los personajes, que sufra con ellos y que, como suele ocurrir, le grite a las páginas que por ahí no es, que eso es una trampa.

Los personajes

Ya he hablado un poco de Traspié, el protagonista de la historia, así que en este apartado quería resaltar la magnitud de los personajes secundarios de la trama. Para que os hagáis una idea, son un amor. ¿Cómo no querer a Veraz, a Burrich, a Chade, e incluso a Celeridad, que tan poco aparece? ¿Cómo no comprender a Molly cuando frunce el ceño? ¿O cómo no sonreír cuando Chade dice «muchacho»? ¿Cómo no sufrir con Veraz y con Ketricken por su pueblo? ¿Cómo no amar incondicionalmente al bufón?

El caso es que a veces me dan ganas de zarandear a Traspié para que espabile, pero entonces llega uno de estos fantásticos secundarios y lo hace por mí. O viene uno de los malos y le da un rapapolvo y, por regla general, madura un poco.

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Ilustración y portada de Marc Simonetti.
El sistema de magia

No os esperéis magia a chorros como la de Sanderson. Aquí la magia es sutil y extremadamente difícil de dominar. Y la hay de dos tipos:

♦  La Habilidad solo está al alcance de unos pocos descendientes de los Vatídico. En tiempos antiguos, se formaban camarillas de personas que la dominaban para apoyar con su energía al rey en batalla. Pero en la época de Traspié, esta magia ha caído un poco en desuso y solo cuatro gatos pueden usarla bien.
La persona que controla la Habilidad se comunica mentalmente con otras, o incluso les imbuye pensamientos sin que se den cuenta. Sin embargo, el habilidoso siempre se siente tentado de dejarse llevar por el río de Habilidad y acabar perdido para siempre entre sus corrientes.

♦  La Maña está más extendida, aunque en secreto. Esta forma de magia, que permite establecer un lazo con un animal, está perseguida por la sociedad de los Seis Ducados. Aun entre sus practicantes, hay que ir con cuidado a la hora de usarla y hay ciertas reglas que determinan su buen uso. Reconocer públicamente que uno es mañoso solo puede acarrear la muerte en el patíbulo.

Y Traspié, cómo no, puede hacer ambas cosas. Pero no todo es tan bonito como pueda pintarlo yo aquí. Ya veréis, ya.

La cuestión es que este sistema de magia, a pesar de ser muy sencillo, da mucho juego. No basta con aprenderte unas palabras mágicas o ingerir metales; aquí tienes que saber dominar tu propia mente y no dejarte llevar por la tentación. Y eso no es nada fácil.

Esos finales tan…

¡No, tranquilos! No hay spoilers en esta sección, pero si no queréis saber ninguna opinión sobre el final, no sigáis leyendo.

Esos finales tan… perfectos. ¿Quién dice que para que un final sea perfecto, la historia tenga que acabar con un «y comieron perdices»? En ocasiones las lombrices son mejor. Puede que solo sea yo, pero el caso es que hace tiempo que me estoy volviendo muy tiquismiquis con los finales. No quiero un final bonito, quiero uno que sea lógico. Y eso Hobb lo hace extremadamente bien.

Quizás la única pega que tenga sea sobre cómo ha relacionado el final del primer tomo con el principio del segundo, más que nada porque nos lo vuelve a contar todo otra vez. Supongo que, al tratarse de la primera novela que publicó esta autora, no estaba segura de si publicaría más, así que cerró Aprendiz de asesino de forma casi autoconclusiva. Al darse la suerte de que sí que iba a ver más de sus historias en papel, reemprendió la historia por donde quería seguir contándola. Pero esto solo son suposiciones, vete tú a saber qué pasó exactamente.

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Ilustración y portada de Marc Simonetti.

En definitiva, la trilogía del Vatídico ha sido de 10. En mes y medio me he leído sus más de 1 500 páginas y siempre me quedaba con ganas de devorar muchas más. Sus personajes, las intrigas políticas, los giros argumentales, los finales tan redondos… De Robin Hobb, no hay duda, seguiré leyendo más,  pues no ha tardado en convertirse en una de mis autoras de referencia.

La Corte de los espejos

La Corte de los Espejos
Concepción Perea
Editorial Fantascy, 2013

TerraLinde, un  reino donde las hadas no creen que los humanos existan, una vieja ciudad que fue decisiva durante la Guerra de la Reina Durmiente. Han pasado años desde ese cruento conflicto que dejó tras de sí una paz delicada, una larga lista de rencores y un trono inestable.
Allí viven Nicasia, una knocker del gremio de ingenieros, y Dujal, un phoka demasiado aficionado al riesgo. Ambos llevan años enzarzados en un pulso de poder en el que Marsias, un apacible sátiro dueño de un burdel, trata de mediar como puede. El asesinato de Manx, tutora de Dujal y compañera de armas de Marsias y Nicasia, los obligará a unirse para encontrar a los culpables. Juntos emprenderán una investigación que los llevará desde los bosques de los centauros hasta las montañas de TocaEstrellas, habitadas por los feroces goblins. Y siempre perseguidos por la larga sombra de la misteriosa Dama RecorreTúneles.

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Cuaderno de bitácora

Los destripamientos están señalados con el símbolo 

    ♦ Ha sido el prólogo más largo que he leído jamás (77 páginas). Al principio llevaba un poco de lío con el nombre de tanta criatura, raza o hecho histórico, pero los cabos se van atando por sí solos hasta desembocar en el verdadero misterio de la trama (que no ocurre hasta la página 100 y pico, aunque la sinopsis bien que lo destripa pronto). El prólogo es como el primer acto de una obra de teatro (comparación que viene de perlas).

    ♦ Nunca he leído nada de temática o ambientación steampunk y me está gustando. Magia con máquinas, hadas con la cara tiznada de carbón… Y hablando de hadas, no son hadas al uso, como aquí las entendemos. No son campanillas rubias y con alas de libélula (o por lo menos, no todas). No me refiero a que sean macabras, sino al concepto de hada en sí. Para mí que la autora lo ha entendido según el universo de Tolkien. Por cierto, ¿alguien me recomienda un libro sobre mitología celta?

    Me encantan los personajes, su desarrollo y la explicación de por qué son así, tal como nosotros los leemos ahora. En algunos casos, no obstante, el pasado permanece oscuro. Además, los personajes no son o blancos o negros. Hay una escala de grises enorme. Por ejemplo, Isma’il podría catalogarse bajo el bando de los buenos: quiere vengar a su abuelo, se lleva bien con algunos de los personajes principales y tiene un puesto importante en la Corte. Pero sus acciones y pensamientos no cuadran mucho con lo que nosotros consideramos una persona buena (y a mí me cae mal). Lo mismo pasa con Nicasia y su doble faceta de implacable Dama RecorreTúneles.

    ♦ Menuda evolución de las tramas. Es como un árbol: empezamos con algo sencillo y se va ramificando y ramificando… Y tenemos un montón de misterios, traiciones, líos varios… Todo orquestado con una maestría magnífica. ¡Y pensar que el principio me parecía algo simple! ¡Solo era el prólogo de algo más grande! ¡El aperitivo, la introducción, la presentación! Sin ella, sí, más de uno estaría perdido y no habría seguido adelante.

    Han quedado algunos cabos sueltos por resolver. ¿Quién es ese famoso elfo desterrado? ¿Por qué no sale Silvania? ¿Quién es la madre de Laertes? ¿Por qué Dujal es el favorito de DamaMirlo? ¿Quién es el padre de Dujal y de su hermanita? Y seguro que hay alguno más, pero el final me ha absorbido tanto que los ha borrado de mi mente. Así está bien, que me gustaría releerlo para cuando salga la segunda parte.

    ♦En cuanto a eso, ¡que salga pronto! TierraLinde tiene muchas cosas que ofrecernos. ¿Habrá un mapa incluido? Ojalá, tengo ganas de recorrer sus costas y sus bosques. Molaría también (guiño, guiño, Concepción Perea) conocer de primera mano lo que pasó en la Guerra de la Reina Durmiente (¿por qué dormía, por cierto?). ¿Y si nos lo contara Marsias? Ay, ojalá [inserten corazón mecánico y peludo aquí].

Reseñando…

Escritores de fantasía, atiendan:

Quiero más personajes como los de La Corte de los Espejos: completos y con personalidades fuertes. Que no sean o buenos o malos, sino un poco de todo, como nosotros. Que las decisiones que tengan que tomar no sean fáciles. Que se sacrifiquen, que lloren, que amen y que rían y que manquinen planes que luego no salgan del todo bien. Porque así es la vida, por muy hada que seas. Los buenos no tienen por qué caernos bien, ni tienen que ser angelitos de la guarda que no han matado nunca una mosca.

Quiero más ambientaciones así: realistas. Bosques, pantanos, una ciudad, una montaña de fondo. La fantasía está en los personajes y en la trama, no en lo complicado que pueda ser imaginar un lugar. Quiero que esas ambientaciones estén llenas de tanta vida como en La Corte de los Espejos: razas y seres mágicos, misteriosos, extraños, que supuren fantasía por cada poro de su piel. Y, en el caso de Nicasia, también grasa de motor.

Quiero conversaciones coherentes, con sus silencios y omisiones. No todo tiene que ser dicho. Queremos tramas elaboradas, que haya misterio, que el lector intente adivinar qué está pasando o quién ha engendrado a quién. No nos lo den todo en bandeja, hay que hacernos pensar. Por ejemplo: Silvania no ha salido, y yo me quejo de ello, y eso solo me hace pensar que hay un gran misterio escondido (luego a lo mejor no lo hay, pero ¿y lo bien que me lo paso inventando mis propias teorías?).

En definitiva, ha sido una lectura de 10. Y eso que al principio no estaba muy convencida, pero entre la portada y lo maja que es la escritora, me animé. Y no solo me ha dejado con ganas de más, sino que la voy a recomendar y/o regalar a todo amante de la fantasía que se me ponga a mano. He dicho.