Who Fears Death, de Nnedi Okorafor

Me pregunto si alguna vez veré este libro traducido al español, porque quiero, deseo, que todos sintáis lo que yo ahora mismo estoy viviendo. No le voy a hacer justicia al libro con esta reseña. Me disculpo de antemano.

Who Fears Death es la primera obra de Nnedi Okorafor, escritora norteamericana de ascendencia nigeriana, que vivo y sufro en mis propias carnes. Vivir porque es lo que nos espera: seguimos los pasos vitales de Onyesonwu antes incluso de su nacimiento. Sufrir porque su existencia no será fácil: es una hechicera Ewu muy cabezota con un destino nada halagüeño.

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La vida de Onyesonwu es la historia de la venganza de su madre de raza Okeke y de la suya propia. Durante la infancia de la pequeña Ewu, ambas recorren el desierto, exiliadas de su propia gente, quienes no dudan en apedrear a una madre y a su hija recién nacida solo por ser Ewu. Hasta que al fin llegan a Jwahir, una ciudad donde, al menos, las toleran. Para los Ewu, el respeto es casi como una leyenda.

Onyesonwu crecerá en Jwahir, querida por su madre y por su padrastro; acudirá a la escuela, aunque sus compañeros preferirán ignorar su presencia. Le encanta leer el libro sagrado de su pueblo y pasear por el mercado, pese a que tanto vendedores como compradores la miran con asco. Al cumplir once años, Onyesonwu descubrirá lo que se esconde detrás de este sentimiento de repugnancia: los Ewu son seres nacidos a partir de una violación infligida por un hombre Nuru a una mujer Okeke. Todo en ella la distingue del resto de Okekes y allá donde va llama la atención, pues su piel clara proclama a los cuatro vientos que es diferente, que nació de la violencia y que su vida está destinada a seguir esa senda marcada por la sangre.

As we walked, that brothel not far behind us, I felt a wave of anger. To be something abnormal meant that you were to serve the normal. And if you refused, they hated you… and often the normal hated you even when you did serve them. […] I was Ewu, who would listen to me without the threat of violence?
Página 236

En Jwahir es tradición que tanto niñas como niños pasen por un rito de madurez. Las muchachas lo sufrirán a los once años; ellos, a los trece. En ambos casos, se corta un trozo de la anatomía humana. Onyesonwu, como no es oriunda de esta ciudad, no tiene por qué someterse a él. Pero está harta de ser una vergüenza para sus padres, así que acude a la llamada del ritual junto con tres jóvenes más. Nada más cortarle el clítoris, Onyesonwu se sume en un estado onírico donde la está esperando su peor pesadilla: un ojo rojo, vigilante, que intentará matarla a la mínima ocasión. Así descubrirá que es más especial de lo que su piel indica: es una hechicera.

Poco más os voy a contar del argumento, pero con esta breve sinopsis ya podéis observar que no es una novela al uso. ¿Cuándo fue la última vez que leísteis una obra de ficción que trate temas como la ablación y la lapidación de mujeres, además del racismo, las violaciones y la inferioridad de la mujer por el simple hecho de formar parte de una sociedad muy tradicional y religiosa? Who Fears Death plantea una crítica contra todos estos temas a través de Onyesonwu, una mujer que no se calla ante nada y que no duda a la hora de infligir castigos cuando alguien intenta dañarla a ella o a otras personas:

“I told you not to go,” Mwita said.
“Just because you tell me to do something doesn’t mean I’ll listen!”
“I should have made it so you couldn’t pass his cactuses,” he mumbled.
“I’d have found a way through”, I said. “It was my choice and you shoud have respected it.”
Página 79

“Mwita, stop being such a camel’s penis,” I said, annoyed.
“Women always have to have companions,” Mwita mused.
“And men always have false sense of entitlement,” I said.
Página 145

Ni qué decir que la fuerza de la novela está en los personajes. Onyesonwu es cabezota y tiene ataques de ira que desatan su poder. Diría que es una mujer fuerte, pero no quiero llevaros a engaño: también siente miedo y pánico, y se deja llevar por ellos. Hay momentos en los que quiere renunciar a su misión e irse lejos, huir de ese destino aciago. Duda, teme y sufre ataques de ansiedad.

Y, como humana que es, se enamora. Reconozco que en los primeros pasos del enamoramiento me asaltó el escepticismo. Mwita, el chaval en cuestión, también es Ewu, y parecían demasiado perfectos el uno para el otro. Pero, como humanos que son, se enamoran, se quieren, tienen problemas, se cabrean, follan, se gritan, hacen las paces y se ponen celosos. Mwita no es el novio perfecto; es muy tradicional y eso a veces exaspera a Onyesonwu (a las citas anteriores me remito). Claro que los ataques de ira de ella también lo exasperan a él. A veces se complementan y a veces no se aguantan pero, sobre todo, se respetan, con sus cosas buenas y malas. Hasta bien entrada la novela no me di cuenta de lo a gusto que se queda una cuando lee una relación amorosa sana e imperfecta.

Sí, he repetido un par de veces «como humana que es». Me niego en rotundo a decir que los personajes son «muy humanos». He leído la novela hasta el último punto, así que desde ya os digo que no hay extraterrestres de por medio (magia sí, mucha y muy chula, que me ha recordado a Wild Seed, de Octavia Butler). Hace unos meses hablaba con una escritora sobre sus personajes y me soltó la típica frase de «personaje X es el más humano de todos». Vamos a ver, en tu novela tampoco hay aliens, ¿por qué repartes más humanidad a unos que a otros?

Los personajes de Nnedi Okorafor son personas, seres humanos, que actúan como tal y no como estereotipos andantes. Incluso los secundarios valen su peso en oro. Luyu es mi preferida, aunque reconozco que al principio la juzgué mal. Parecía la típica chica chismosa y presumida, pero a cada página que leía me iba ganando más y más, hasta descubrirme que tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Y qué decir de la ambientación. Desierto por todas partes. Los restos de chatarra tecnológica, como ordenadores y motos, conviven con una religión bastante estricta y un orden social muy jerárquico. Las mujeres se consideran, como ya he dicho, inferiores a los hombres en esa sociedad. Es impensable que una mujer aprenda magia, por ejemplo. La esposa pertenece al marido y las jóvenes no pueden mantener relaciones sexuales antes del matrimonio.

We’ve been raised to feel that it’s wrong to open our legs, even when we want to. We weren’t brought up to be free as… as you were. When you were with all those older women, who criticized you?
Página 289

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Fuente

La prosa de Okorafor es clara, fluida y potente. Esto, junto con los capítulos cortos, hacen de ella una lectura adecuada para aquella persona que no acostumbre a leer en inglés. Toda escena onírica o palabra en un idioma distinto al inglés se acaba entendiendo por el contexto o la propia narración.

En definitiva, Who Fears Death es una aventura al corazón de una civilización distinta a la nuestra, pero con unos valores no tan diferentes a los propios. Las palabras, decisiones, fallos y aciertos de Onyesonwu, la heroína imperfecta, se sienten en el fondo del alma gracias a la cercana pluma de una escritora a la que, sin duda, seguiré leyendo.

La carrera, Nina Allan

Lo reconozco: no sé cómo hacer esta reseña. La problemática viene porque, por poco que cuente, seguro que os chivo algo que preferirías descubrir mientras leéis. Aunque he visto ya reseñas de todo tipo (hay algunas de lo más curiosas), yo tenía claro que quería escribir una que incentivara la lectura, pese a que analizar la obra de Nina Allan no va a ser fácil. Así pues, vayamos por partes.

Las tramas

Me es complicado intentar decir de qué trata La carrera. Vale, es ciencia ficción. Hay distintos personajes con unas historias interconectadas. Pero, Carla, ¿de qué va?

Bien, es difícil explicároslo con detalle sin incurrir en destripamientos varios. Os podéis leer la sinopsis de la contraportada sin ningún problema: revela más bien poco. Lo mejor es aventurarse en sus páginas como aquel que cruza el umbral a otro mundo sin saber lo que le espera más allá.

Pero si sois precavidos y preferís ir sobre seguro, leed las breves sinopsis que os dejo a continuación de cada una de las tramas.

La vida de Jenna se ha visto marcada por la ausencia de una madre, las carreras de galgos biónicos, un hermano no demasiado cuerdo y un padre perdido en los avatares del trabajo. Jenna vive recluida y en soledad en Sapphire, una ciudad donde las acciones ilegales están más reguladas que la propia legalidad.

La adolescencia de Christy está protagonizada por un padre enfermo y un hermano que le da miedo. Ha aprendido a refugiarse en la biblioteca y a escribir sobre el mundo que la rodea. Al igual que Jenna, vive amparada en una soledad que se verá invadida por su peor pesadilla.

Alex regresa a Hastings para entrevistarse con alguien relacionado con su expareja, de quien lleva años sin saber nada. Recorrer las calles de su ciudad natal le hará rememorar recuerdos tanto dulces como amargos.

Maree abandona La Granja, el centro de adiestramiento para niños empáticamente sensibles, para emprender un viaje que la llevará a una sede de un programa secreto. Para ello tendrá que cruzar el Atlántico en barco y sortear los temibles bancos de ballenas gigantescas.

Han pasado 20 años de los acontecimientos que tuvieron lugar en el Atlántico. Maree llega a la isla de Brock para despedirse de los recuerdos de lo que vivió en aquel buque.

La carrera está dividida en cinco capítulos que contienen tres voces narrativas distintas en primera persona: Jenna, Christy y Maree. Cada una de ellas tiene voz y personalidad propias, aunque Jenna y Christy puedan parecerse por motivos que no revelaré (para saberlos, tendréis que leer la obra de Nina Allan). Las otras dos partes, cuyos protagonistas son Alex y Maree otra vez, están en tercera persona.

Cabe destacar que aquí no hay acción (quitaos de una vez la asociación de ciencia ficción = a navecitas espaciales, tiros y zombies). La narración transcurre con lentitud y abundan las descripciones de lugares, recuerdos pasados y hechos que podrían parecer insustanciales. Sin embargo, todo ello es imprescindible para conformar la psique de las tres mujeres principales. Quizá por eso habrá a quien la novela le parezca lenta y aburrida, pero no por ello resulta insustancial.

Las narradoras

Si hay algo que me ha entusiasmado y espeluznado a la par es cómo Nina Allan dota de frialdad a sus narradoras. No es fácil explicarlo, pues son todo sensaciones difíciles de compartir que se dan sobre todo en los dos primeros capítulos. Jenna, la primera en coger la batuta, se dedica a explicar cómo era su vida (llena de carreras de galgos biónicos, sin una madre, con un hermano tocado de la sesera y una vida solitaria) antes de que un hecho trastoque por completo su vida. Con Christy tenemos más de lo mismo: una narración en primera persona y un trauma que altera su vida solitaria marcada por la ausencia materna y un hermano loco.

Ambas cuentan sus respectivos hechos traumáticos con tanta frialdad que pueden parecer poco creíbles. Pero nada más lejos de la intención de Allan: los personajes te lo cuentan, no lo están viviendo en ese momento. Si no quieren perderse en el mar de dolor que sendos hechos suponen, deberán distanciarse de ellos hasta el punto de pensar que no les ha ocurrido a ellas. El dolor sigue ahí si sabes dónde buscarlo durante la lectura. La tensión, el miedo, la depresión y la tristeza no las abandonan jamás.

Todos estos sentimientos encubiertos se van acumulando hasta el bombazo definitivo. Estos dos primeros capítulos consiguieron que los pelos se me pusieran como escarpias al comprender la profundidad de lo leído era mayor de lo que creía.

En cuanto a Maree, su historia podría ser la que más cuadra en una ambientación de ciencia ficción. Empática natural y criada en un centro de adiestramiento para seres como ella, Maree emprende un viaje a través del Atlántico para participar en un misterioso programa. En el océano la acechan más peligros de los que se espera: inteligentes ballenas-oso descomunales, misteriosos personajes que parecen conocer su secreto y una joven piloto de la que no quiere encariñarse.

La voz narrativa de Maree es más relajada, más fluida. La tensión acumulada en las dos primeras partes desaparece para dar paso a la incertidumbre. Maree no sabe qué le aguarda en las costas de Thalia, pero afronta su destino con un valor muy bien fingido. No sabe que las respuestas a los misterios de ese pasado del que nada quiere saber la esperan en tierra firme.

Los otros dos capítulos, protagonizados por Alex Adeyemi y la misma Maree, están narrados en una tercera persona omnipresente que choca bastante si los comparamos con los tres que he descrito anteriormente. Y es que estas son las dos partes que han conseguido descolocarme por completo. Para mí, la parte de Alex (la tercera en el conjunto de la obra) no aporta casi nada, aparte de romper con la dinámica de tensión y protagonistas femeninas que la precedía. En cuanto a Maree, el desconcierto es mayor: si ya veníamos de oír a la empática con voz propia, ¿por qué ahora de repente nos alejamos de ella con esa tercera persona? Pese al lapso de 20 años, los acontecimientos narrados en este último fragmento de la obra tienen relación directa con los que transcurren en la parte inmediatamente anterior. Al igual que el capítulo de Alex, lo que aquí se aporta es mínimo, rompe los esquemas que a mí tanto me venían gustando y desemboca en un final bastante decepcionante.

Aun así, estos cambios no hacen sino generar más misterio a toda la estructura y complejidad de La carrera. Yo tengo una teoría formada, pero revelarla aquí se podría acusar de destripamiento. Si leéis la obra, podéis escribirme para comentar nuestras respectivas teorías.

¿Ciencia ficción ecologista?

Aunque ha recibido el calificativo de ciencia ficción ecologista, para mí el ecologismo escasea. Que en un futuro un tanto distópico haya problemas relacionados con la naturaleza y el abuso que se hace de esta no significa que sea ecologista, porque para serlo tiene que haber un alegato, una defensa del medio ambiente, y aquí no la hay.

Los animales, eso sí, tienen un papel esencial en la narración y la ambientación. En la primera parte son los galgos modificados genéticamente usados para carreras y apuestas. En la parte de Maree, además de la relación que esta mantiene con los cánidos, aparecen bancos de ballenas descomunales de las que apenas se sabe nada. Son objeto de culto para un grupo religioso, se hacen sacrificios humanos en su honor, hunden barcos, parecen inteligentes… Pero nadie se ha aventurado en sus aguas ni ha sobrevivido para conocerlas en profundidad.

Los temas recurrentes de Nina Allan

A ver, no soy una experta de Allan, ni mucho menos. Caté un poco de Máquinas del tiempoaunque no llegué a terminarlo. Aun así, ya pude discernir ciertos parecidos entre este y La carrera, como es el gusto por los saltos temporales, la ambientación y las relaciones fraternales.

Como indica su nombre, en Máquinas del tiempo los saltos temporales son el quid de la cuestión. En La carrera, cada capítulo se sitúa en un tiempo distinto al resto, aunque no se especifica cuándo. Vemos las diferencias, tenues en principio, gracias a unas voces narrativas que poco hacen por explicarnos cómo es su tiempo. Para las protagonistas, vivir cuando viven es lo normal. Si queremos descubrir más sobre su época tendremos que profundizar en su narración.

La ambientación en Allan ejerce un factor condicionante en los personajes, hasta tal punto que pueden llegar a obsesionarse con su entorno. Las descripciones de Sapphire o Hastings abundan precisamente porque tanto Jenna como Christy se ven atrapadas en las calles que las vieron nacer y crecer. Ambos lugares son unas crisálidas de las que nunca podrán escapar, por mucho que lo intenten. La obsesión es tal que, tras un hecho traumático, Christy se dedica a describir esa ciudad que la encierra y que la obliga a vivir una pesadilla constante.

Y, por último, en lo poco de Allan que llevo leído he podido comprobar que tiene fijación por las relaciones entre hermano y hermana. Son tóxicas, raras, poco sanas. Jenna y Christy se ven avasalladas por sendos hermanos que quieren matarlas y seducirlas. Ambas viven en una casa donde el abandono de su madre ha activado una bomba de relojería cuyo tiempo nadie sabe cuándo se acabará. Los hermanos de estas dos historias son prácticamente el eje central de las vidas de las protagonistas y, junto a su entorno, ejercen tal presión que las consecuencias, por mucho que nos pese, nunca van a ser buenas.

Creo que los secretos están vivos, como los gusanos en el subsuelo. Cuando el tiempo es seco, los gusanos ahondan en busca de agua. Pero cuando llueve, se los ve escarbando hacia la superficie.
Pág. 132

La edición

Ediciones Nevsky es una editorial de esas que cuidan hasta el más mínimo detalle. Tanto la edición en papel, que es la que yo tengo, como la traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo (traductoras con un gran recorrido a sus espaldas y que suelen trabajar a cuatro manos con editoriales como Impedimenta, Nocturna, Errata Naturae o Nevsky; también se encargaron de la traducción de Máquinas del tiempo), son una auténtica maravilla. Es de esos libros que te dura toda la vida.

Enlaces de interés:

  • Entrevista a Nina Allan en el blog de Fata Libelli.
  • Reseña de Tejedora, por Bea Aguilar.

Arcadia, de Iain Pears

Traducción de María José Díez Pérez.
Espasa Editorial.

Cuando las buenas gentes del Reto 10×10 me propusieron participar en una nueva edición, me apunté de cabeza. Compartir tus opiniones sobre una lectura me parece un lujo, y más si el libro en cuestión te encanta.

Pero el caso es que Arcadia ni me ha encantado, ni he podido acabarlo.

Al principio, todo bien: tenía unas críticas excelentes en Goodreads, la mezcla de géneros literarios era, cuanto menos, curiosa, el título me llamaba muchísimo la atención y la portada de la edición de Espasa me encantaba. Sí que es verdad que, cuando leo por obligación (aunque en este caso me ofrecí voluntaria cual tributo muriéndose de hambre), me cuesta un poco más ponerme a leer. Pero aparté esta pequeña reticencia de mi mente en cuanto inicié la lectura.

Lo que siguió después del principio tampoco estuvo nada mal. Escenas bucólicas en un mundo llamado Anterwold, un poco de metaliteratura (ya sabéis: un escritor está escribiendo el capítulo que acabas de leer, aunque luego resulta que lo que acabas de leer podría ser real…), un viejo profesor en el ocaso de su vida con ganas de convertirse en el nuevo Tolkien (de quien, por cierto, era muy amigo), una niña tan simpática como curiosa que corretea por un pueblo rural inglés… Y entonces llegó el primer «pero…» a la obra de Iain Pears. Aunque ya estaba bajo aviso, el salto a un futuro incierto con científicos un tanto peculiares y un problema gordo entre manos no me llamó nada la atención. Prefería volver a la Inglaterra de la década de los 60 y a Anterwold. Además, cada vez se fueron sucediendo con más asiduidad capítulos en épocas extrañas con personajes relacionados tanto con el pasado como con el futuro. Que sí, que ya sabía lo de los cambios espaciotemporales, pero eso no quita que la forma de contarlo y los personajes fueran poco atractivos para mí.

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La recomendación de Félix J. Palma en la portada no podría ser menos acertada. Yo lo cambiaría por: pajas espaciotemporales con poca base científica.

Para que os hagáis una idea: yo no me trago que una científica a la que le han extirpado todas las emociones y que se chuta estimulantes para trabajar hable igual que una adolescente de 15 años de la Inglaterra rural del siglo XX. Que le pongas más tacos a una no crea a un personaje con voz y personalidad propia. Esa voz, que encima está en primera persona, debería resonar con fuerza y encandilarnos en cada frase.

En Arcadia hay distintas tramas interconectadas. No me paré a contarlas, pues las reseñas de mis compañeros (incluidas al final de la reseña) son más detalladas en este aspecto. El caso es que cada capítulo se adscribe a una trama y todas forman un entramado complejo y, para mí, carente de interés. En sí, cada trama tiene poco o ningún misterio. La tensión se centra en ver cómo acabará todo el embrollo de personajes que pululan de aquí para allá, no en las migajas que conforman ese todo. A veces terminaba un capítulo y me quedaba igual, ya que no me había aportado mucha más información y mis ganas de seguir leyendo más páginas habían mermado.

El libro me perdió definitivamente cuando Angela, la científica del futuro que ha inventado una máquina para viajar en el tiempo, creó otro cachivache capaz de recrear mundos imaginados. Lo colocó al lado de la casa de Tolkien para que se nutriera de sus ideas y fantasías, pero como la magia de los magos no hacía más que entorpecerlo todo, quitó todas las razas y solo quedaron piedras y una civilización que fue capaz de prosperar. O eso creo. Fue el último capítulo que leí y no he vuelto a pensar en el libro hasta que los otros reteros empezaron a sacar reseñas.

Pero ¡voy a destacar algo bueno! Como buena fanática de Pratchett que se precie, me encanta el humor inglés. Pears no le llega ni a la pezuña del cuarto elefante que sustenta el Mundodisco, pero el caso es que esas pullitas dichas como quien no quiere la cosa a mí me encantan. Os dejo un párrafo en el que habla de C.S. Lewis como muestra y despedida de esta mi reseña.

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Reseñas del resto de reteros:

Boy with letters
Torre de Babel
La Caverna Literaria
A través de otro espejo
Telaraña de libros
Book eater
Capítulo 26
Lectura directa
A doble altura

Reseña de 36, de Nieves Delgado

Hace unas semanas me enteré del nacimiento de la Editorial Cerbero, un sello liderado por Israel Alonso y cuyo emblema, el Can Cerbero, es toda una declaración de intenciones. Cada cabeza de este perro literario representa un género fantástico distinto: terror, ciencia ficción y fantasía. El tres es su número: cada tres meses publicarán tres obras cortas de uno de estos tres géneros, además de otras obras de mayor extensión adscritas también a mi triada literaria favorita. Sigue leyendo “Reseña de 36, de Nieves Delgado”

Reto 10×10: Arcadia, de Iain Pears

Hoy, 17 de marzo, arranco con un nuevo reto. En esta ocasión me he unido al reto 10×10, en el que 10 blogueros leeremos en 10 días un libro. El seleccionado para la presente edición es Arcadia, de Iain Pears, publicado en español por la editorial Espasa y traducido por María José Díez Pérez. Sigue leyendo “Reto 10×10: Arcadia, de Iain Pears”

Wild Seed, de Octavia Butler

Entrada para el proyecto Adopta una autora.

Wild Seed es la primera novela de la serie de libros Patternmaster, la más extensa de la escritora estadounidense Octavia Butler. Explicaros de qué va este primer volumen me costará la vida, así que empecemos por las partes más objetivas.

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Patternmaster (o Seed to Harvest en el volumen que yo tengo, de la editorial Grand Central Publishing) está compuesta por cuatro libros, aunque en realidad son cinco. Hay dos formas de leerla: bien por la fecha de su publicación, bien por la ordenación que aconsejó Octavia. Como en Seed to Harvest siguieron las indicaciones de la autora, me lancé a devorar Wild Seed, publicado en 1980. Luego le seguirán Mind of My Mind (1977), Clay’s Ark (1984) y la que fue la primera novela que escribió Octavia: Patternmaster (1976). Además, en 1978 se publicó Survivor (que sería el penúltimo, justo después de Clay’s Ark), pero como la autora renegó de él, no se incluye en este volumen ni, de hecho, se reedita ya. No os preocupéis, que de una forma u otra me haré con él y os contaré por qué Octavia la llamaba su «novela trekkie». Sigue leyendo “Wild Seed, de Octavia Butler”

Mujeres y maravillas: un prólogo

Mujeres y maravillas es una pequeña antología de relatos de ciencia ficción escrita exclusivamente por mujeres. La editora, Pamela Sargent, escritora de cifi también, quiso demostrar que las mujeres contribuimos a este género literario en el que dominan, más de lo normal, los hombres. Las razones de esta predominancia se analizan en el extenso y detallado prólogo que antecede a los 13 relatos. Pamela traza asimismo un pequeño recorrido de los orígenes y del desarrollo de la ciencia ficción desde el siglo XIX hasta su actualidad (en 1974 se publicó la antología, por lo que aún quedaría mucha historia por contar).

La edición en español data de 1977 y cuenta con Manuela Díez como traductora. De hecho, el único hombre que ha colaborado en esta antología es Carlo Frabetti, quien se excusa rápidamente para dejar paso a lo que de verdad importa: las mujeres. Toma la palabra Pamela, como ya he dicho, en el extenso prólogo del cual se podría subrayar hasta el último punto. Y es que, nada más empezar, el problema salta a la vista: hay muchísimas mujeres que escriben ciencia ficción desde hace décadas. Entonces ¿por qué no he oído hablar de ellas? Sigue leyendo “Mujeres y maravillas: un prólogo”

Octavia Butler: réquiem por la humanidad

Entrada enmarcada dentro del proyecto Adopta una autora.

En 2016 descubrí a una autora que se convertiría de inmediato en una de mis escritoras favoritas de todas las épocas: la norteamericana Octavia Estelle Butler. Desde que leí la trilogía Xenogénesis (la única disponible en español, más un par de relatos sueltos aquí y allá), Octavia no quiere irse de mi mente ni de mi corazón. La he recomendado tanto por las redes sociales que he perdido la cuenta de los lectores que han rebuscado por internet o por librerías polvorientas esos volúmenes que son tan caros de ver. A vosotros: gracias por leerla. Sigue leyendo “Octavia Butler: réquiem por la humanidad”

Mis maravillosas ocho lecturas del 2016

Tras repasar las páginas y páginas llenas de títulos que he leído durante este 2016 (más de 100 ya), me queda clara una cosa: cuánto han cambiado mis hábitos de lectura. He leído muchísimo más de lo esperado y obras que ni en sueños me había pensado que llegaría a leer. He descubierto a autoras fantásticas gracias a iniciativas como #LeoAutorasOct o Adopta una autora y todo eso ha quedado reflejado en la lista de mis ocho libros favoritos que he leído durante el 2016.

Esta es una historia de amor, de mis ocho flechazos literarios de este año que se desvanece a cada minuto que pasa. Sigue leyendo “Mis maravillosas ocho lecturas del 2016”